Cuatro frases que el cliente no quiere oír (y que le dices a menudo)

Por @Emprendetop, sígueme en Twitter

Si hace poco te contábamos cómo tenías que tratar a tus empleados para hacerles felices, hoy vamos un paso más allá y vamos a explicarte cómo contentar al que, probablemente, sea tu jefe más importante: ¡tu cliente! En ocasiones, el estrés o la rutina nos hacen olvidarnos de que, en última instancia, nuestros consumidores son los que sustentan nuestra empresa. Existen pequeños trucos que te permitirán estar alerta y no fallar en esos pequeños detalles que, al final, marcan la diferencia. Atento:

Cliente enfadado

“Te lo envío luego”. Cuidado con la puntualidad y con el pasotismo. ¿Cómo? ¡No! Los plazos son los plazos. Y al igual que a nosotros nos encanta recibir nuestra nómina puntualmente, tenemos que ser responsables en este sentido. No únicamente con los proyectos, sino, en general, para cualquier cosa que le hayamos prometido a cliente. Si este te solicita cualquier tipo de documento o informe que tengas a mano, no esperes una hora para enviárselo cuando, en realidad, solo te lleva cinco minutos. Esto no significa que nos tengamos que convertir en esclavos de los plazos, pero ten en cuenta que, cuanto más responsable seas en este sentido, los clientes serán más comprensivos cuando existan fuerzas de causa mayor que te impidan cumplir de verdad con el trabajo.

“El precio es este pero, por ser tú, te voy a hacer un descuento”. El cliente no es tonto. Por lo general, este tipo de afirmaciones llevan a los consumidores a pensar que, en realidad, el presupuesto o importe pactado tiene, en realidad, un sobrecoste. Tan dañinos para tu imagen son este tipo de descuentos como una subida de precios finales. Sé justo con tus precios y no cobres ni más, ni menos. Los clientes agradecen la transparencia en este sentido –lo cual no implica que no se pueda negociar-. ¡Un consejo! Desglosa con detalle todos los presupuestos que envíes: cuanto más se comprenda el origen del gasto, menos argumentos tendrán para intentar bajarlo –siempre que sea justo, claro-.

“Perdona que te responda ahora…”. El cliente es lo primero. Puedes dejar en vilo a distribuidores, operarios, socios, trabajadores –aunque no deberías-, pero jamás a tu cliente. De hecho, el marketing en la actualidad tiende cada vez más a una relación personal con el consumidor. Trata de estar en contacto con él lo más posible –sin convertirte en un estorbo-. Pregúntale si está a gusto, interésate por qué piensa del trabajo. Siempre, siempre disponible.

“Confía en mí, yo me dedico a esto”. El cliente ya intuye que sabes más que él, por eso te paga. Pero eso no significa que quiera oírlo. De hecho, este tipo de actitud te hace ser percibido con cierto aire opresor. Guía al cliente de otra manera y asesórale con otro tipo de argumentos. Además, recuerda que, en última instancia, por muy profesional que seas, si lo que haces no le gusta a tu cliente, estás acabado.

¡A por ellos!

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